miércoles, 21 de septiembre de 2016

Porcia, la ejemplar


 Las familias romanas de mayor prestigio marcaban a sus miembros con un determinado carácter, que se convertía en su divisa, su diferencia particular, dentro de la poca permisiva sociedad de su entorno.  La descendencia de esas familias mamaba ejemplos desde la cuna y era educada sin descanso en una única vía de conducta, que era la de sus antepasados más famosos. La debían hacer suya de forma natural.

Así los Emilio Lépido eran los patricios ejemplares que siempre debían conseguir un consulado en cada generación;  los Acilio Glabrión una gloriosa estirpe plebeya que destacaba por su defensa del pueblo y su amor al cargo de tribuno de la plebe; los Flavios, todos en general, debían ganar alguna guerra de vez en cuando o no se sentían realizados… y luego están los Porcio Catón, la familia de nuestro personaje. Un caso aparte.

El papá de Porcia, Catón el Joven

 Los Porcio Catón eran una de las tres ramas de la gens Porcia (Leca, Licino y Catón), que era una gens de origen plebeyo, de tradición militar notable, pero sin magistraturas políticas en su haber. La rama Catón (“espabilado”) nace en el siglo III a.C. con Catón el Viejo, cuya austeridad y ultraconservadurismo se volverían la tradición a seguir de sus descendientes. Catón el Viejo fue el primero, el más conocido y también sería el único miembro de la familia en ocupar todos los cargos de la carrera política y llegar a Censor. El modelo a seguir.

 Dos siglos después, alrededor del año 70 a.C. nace nuestra Porcia, hija de Catón el Joven, el bisnieto del Viejo y su más fiel imitador, como la tradición familiar le exigía.  Según nos cuenta Plutarco en su  vida de Bruto, la chica creció con afición a la filosofía y con un sobresaliente coraje, aparte de destacar por su belleza.

Porcia crece en los valores austeros y conservadores de su familia. Al ser hija de una familia importante, pronto se convierte en moneda de cambio para alianzas políticas. Su padre la casa a edad temprana, entre el 58 y el 53 a.C. con Calpurnio Bíbulo, mucho mayor que ella, pero aliado político de una importante familia patricia. 

Eran tiempos convulsos, con Roma dividida entre dos facciones, los optimates y los populares, que iban centrando sus esperanzas en diferentes caudillos militares. Catón era un ferviente partidario de los optimates y buscaba alianzas con patricios influyentes de esa facción en el Senado. Bíbulo era ideal, pues se le consideraba el principal líder de los optimates. Aparte de ser un furibundo enemigo del popular Julio César desde su juventud. Las pullas y peleas entre ambos a lo largo de sus vidas darían para un libro, pero no nos desviemos.

Optimates en el Senado, haciendo como que escuchan

Porcia acató sin rechistar el matrimonio y parece que les fue bien y tuvieron dos hijos. Pero surgió de pronto un caso curioso, que explica a la perfección la mentalidad del patriciado romano. Nadie mejor que Plutarco, en su vida de Catón, para explicarlo: 

“Entre los muchos apreciadores de éste (Catón), unos lo eran más a las claras y más decididamente que otros, siendo de este número Quinto Hortensio, varón de grande autoridad y de recomendable conducta. Deseando, pues, no sólo ser amigo de Catón, sino unir con deudo estrecho y en estrecha sociedad ambas casas y familias, trató de persuadirle que a Porcia, su hija, casada ya con Bíbulo, a quien había dado dos hijos, se la otorgase a él mismo en mujer, para tener en ella, como en terreno de sobresaliente calidad, una noble descendencia… por naturaleza era honesto y político que una mujer en buena y robusta edad no tuviese su fertilidad ociosa dejándola apagarse… y si Bíbulo estaba tan bien hallado con su mujer, él se la restituiría después de haber parido.” 

Vamos, que el tal Hortensio “de honorable conducta” pedía a Catón que convenciera a Bíbulo de regalar o prestar su guapa y joven mujer para tener “noble descendencia”. Con un par. 

Quinto Hortensio, el honorable senador 

Catón le respondió que lo apreciaba mucho, pero que tenía por muy repugnante el que se hablara del matrimonio de una hija dada ya a otro. Aparte de que Bíbulo, qué cosas, amaba a su mujer y no tenía ganas de compartirla. Entonces, Hortensio, sin perder tiempo, le pidió a Catón su propia mujer, Marcia, para procrear hijos, pues ya “Catón tenía sucesión bastante”. Catón, pues, viendo este loable empeño de Hortensio, no le dijo que no, y sólo le respondió que era preciso que conviniese en ello Filipo, padre de Marcia. Estuvo de acuerdo y se casaron hallándose presente Catón y consintiendo en los desposorios… En fin, cosas de patricios. 

Porcia es probable que acompañase a su marido mientras fue procónsul de Siria en el 51 a.C., donde dejó fama de administrador íntegro.

 Era una mujer entorno a los veinte cinco años cuando César decidió cruzar el Rubicón con sus legiones en el año 49 a.C. y declarar la guerra a los optimates del Senado y a su líder de ocasión Pompeyo. Su marido Bíbulo, que como ya hemos dicho se la tenía jurada a César desde la juventud, y su padre Catón, se apuntaron de cabeza al bando de Pompeyo.

 Bíbulo estaba en Grecia, de camino de vuelta de Oriente, cuando recibió a Pompeyo, Catón y el resto de sus compañeros de partido, que huían de Italia y las legiones de César, que les pisaban los talones. Entonces Pompeyo nombró a Bíbulo almirante de su flota, con la orden de patrullar el Mar Jónico. En ese cargo, Bíbulo se mostró poco competente y no consiguió impedir que las tropas de su odiado César cruzasen el Adriático hasta Grecia. Además, una epidemia se desató entre sus hombres, él también cayó enfermo y murió en el 48 a.C., cerca de Corfú. 

Porcia quedaba viuda y seguramente a cargo de su padre. Un año después Pompeyo perdía su ejército en la batalla de Farsalia y su padre Catón huía hasta Africa, donde seguirá dando guerra a César de forma obcecada hasta que en el 46 a.C., ya sin fuerzas a su mando, se suicide para evitar la humillación de ser apresado por César.

Muerte de Catón, por Guerin 

 El nuevo amo de Roma, en uno de los mayores errores de su vida, decidió ser benévolo con sus enemigos derrotados y perdonó a casi todos los que no se habían suicidado. Entre ellos al único Catón que quedaba, el hermano de Porcia, que había acompañado a su padre hasta África. Este Catón volvió a Roma con su hermana… o puede que ella ya estuviese allí, no lo sabemos. Lo que sí sabemos es que tan pronto llegó, el nuevo Catón, en gesto de agradecimiento, empezó a conspirar contra César, como la mayoría de los perdonados.

 Al poco tiempo, surgió por culpa de Porcia, un gran escándalo del corazón en la sociedad romana. En junio del año 45 a.C. Bruto, primo de Porcia, se separó de su mujer y se casó con ella. Se conocían desde niños y está claro que hubo o todavía había una relación íntima entre ellos. Desde luego, ambos se casaban enamorados. 

El matrimonio resultó escandaloso, pues Bruto no dio ninguna excusa para su divorcio después de muchos años casado y su mujer Claudia Pulcra era muy popular en Roma por su virtud, aparte de ser de la familia Claudia, de las más poderosas e influyentes. El divorcio no fue bien recibido por la propia madre de Bruto, Servilia, que no vio con buenas ojos el acercamiento de su hijo a una familia de señalada oposición a César. El matrimonio con Porcia era un claro apoyo a la familia Catón. 

Bruto, el gran amor de Porcia 

 Como era de esperar, esta unión recibió las felicitaciones de los pocos optimates y pompeyanos que quedaban, aunque Cicerón, algo temeroso, estuvo durante varias cartas preguntándole a su amigo Ático cuándo Bruto se iba a reunir con César para explicarle la situación.

Bruto y Porcia tuvieron un hijo muy pronto, que moriría de enfermedad en el 43 a.C.

Llega el año 44 a.C. y Bruto se apunta a la conspiración contra César dirigida por Casio y donde participaba su cuñado Catón. Parece que Porcia era la única mujer que estaba al tanto del asunto y puede ser que por tradición familiar tuviese una participación activa. Aunque lo único claro es que se enteró de la conspiración por las bravas. Nos cuenta Plutarco que Bruto dudaba sobre contar lo que le afligía a su mujer y que esta 

“Tomó una navaja de aquellas con que los barberos cortan las uñas, y habiendo hecho retirar del dormitorio a todas las criadas, se hizo en el muslo una cortadura profunda, tanto, que fue muy grande el flujo de sangre que se siguió, y se le levantaron vivos dolores y violenta fiebre de resultas de la herida. Angustiábase Bruto y lo sentía profundamente, mientras Porcia, en lo más recio de su incomodidad, le habló de esta manera: “Yo, Bruto, siendo hija de Catón vine a tu casa... ¿qué prueba o qué retribución te puedo dar, si ni siquiera divides conmigo tus secretos, y un cuidado que al parecer exige fidelidad?... En mí, con ser hija de Catón, se reúne el ser mujer de Bruto; y si antes podía desconfiar de poder corresponder a estos títulos, ahora ya estoy cierta de que aun al dolor soy invencible”. Y al decir esto le muestra la herida y le refiere la prueba que había hecho. Quedó Bruto pasmado, y tendiendo las manos pidió a los dioses le concedieran salir bien de la empresa, y comparecer como marido digno de Porcia, tomando después disposición para la curación de aquella heroica mujer.”

Porcia cortándose su bello muslo, por Sirani 

Como leemos, aparte de decidida y resuelta, Porcia tenía una vena masoquista muy acentuada.

Luego pasó lo que todos sabemos, que Julio César fue jubilado por métodos expeditivos y Bruto y el resto de conspiradores huyó a Grecia cuando descubrieron que el pueblo no agradecía su gesto tiranicida. Porcia se quedó en Roma. No volvería a ver a Bruto. 

La separación la llevó bastante mal, sin la compostura obligada para una patricia. Cuenta Plutarco que, cuando Porcia observó una pintura que representaba la despedida de Héctor a Andrómaca, recordó la despedida de su marido y se echó a llorar en un baño de lágrimas. 

De ella, Bruto dijo, poco antes de la batalla que sellaría su destino, que 

“tiene una mente tan valiente y tan activa para el bien de su país como el mejor de nosotros”. 


 Tras la muerte de Bruto, en 42 a.C., Porcia cayó en la desesperación y no quiso seguir viviendo, por lo que sus allegados la pusieron bajo una estricta vigilancia. Pero Porcia, con una capacidad más que demostrada para auto lesionarse, logró suicidarse de una manera que muestra su férrea fuerza de voluntad: tragarse los carbones encendidos de su estufa. 

Suicidio de Porcia, por Bellange
 Desde luego, así nos lo cuentan los historiadores antiguos. Aunque mucho modernos discrepan sobre su fin, ya sea diciendo que lo más probable es que se dejara intoxicar por los vapores de la estufa, porque tragarse carbones encendidos es imposible (¿lo han probado?), o que Porcia murió de enfermedad, incluso antes que Bruto, aludiendo a una supuesta carta de Cicerón a Bruto en que lamenta la muerte de Porcia.

No dejemos que los quisquillosos arruinen un gran final. Estaba rodeada de enemigos, había muerto el único amor de su vida, no hacía mucho que su hijo también había muerto y no le quedaba nadie, pues su único hermano también había perecido en la misma batalla que Bruto. 

Una Catón como ella es más que probable que muriera tragándose carbones como si fueran mazapanes. 

Ilustración medieval del De mulieribus Claris de Boccaccio.
Resume la historia de Porcia en una imagen 

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